Who Invented the Computer? La batalla legal que dirimió quién inventó el ordenador


Por @Wicho — 19 de Marzo de 2020

Who Invented the Computer? por Alice Rowe BurksWho Invented the Computer? The Legal Battle That Changed Computing Historypor por Alice Rowe Burks. Versión electrónica por Prometheus Books, 2002. 9,68€. 415 páginas.

El 19 de octubre de 1973 el juez Earl R. Larson emitió el veredicto que ponía fin a un largo proceso judicial que tenía como objetivo dirimir si la patente del ordenador que tenía Sperry Rand era válida o no. El juez llegó a la conclusión de que la patente no era válida porque el ENIAC, que era el ordenador del que se derivaba esa patente, estaba inspirado en el ABC desarrollado por John Vincent Atanasoff y su ayudante Clifford Berry.

En concreto decía que «Eckert y Mauchly no inventaron ellos mismos el ordenador digital electrónico automático, sino que derivaron su invento de un tal Dr. John Vincent Atanasoff.»

El juez considera además en la extensísima y muy razonada sentencia que el ABC, el Atanasoff-Berry Computer, es el primer ordenador digital electrónico automático.

Yo siempre he pensado que considerar al ABC un ordenador es un poco demasiado; en realidad me parece más bien una calculadora pues estaba diseñado sólo para resolver sistemas de ecuaciones. Además, hasta leer este libro, creía que nunca lo habían terminado. Pero por lo visto, aunque con problemas de funcionamiento en uno de sus componentes no relacionado con los cálculos, Atanasoff y Berry hicieron que funcionara en 1942 antes de tener que abandonar el proyecto debido a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo lo que sí tengo claro tras leer el libro es que John Mauchly y por «contagio» John Presper Eckert, los diseñadores del ENIAC, se inspiraron claramente en ideas del ABC, que sí fue la primera máquina de la historia en hacer cálculos de forma electrónica y basándose en el álgebra de Boole.

Así que aunque sólo fuera por eso –y hay más motivos– diría que la patente del ENIAC está bien invalidada. Y que no hay duda de que los ordenadores modernos (digitales, electrónicos, que utilizan el álgebra de Boole) descienden de las ideas de Atanasoff.

La primera parte de este libro hace un magnífico trabajo de análisis del juicio y de la sentencia del juez Larson –en términos comprensibles por una persona normal a pesar de tratarse de un tema legal–. También cuenta la historia de cómo Mauchly vio el ABC en desarrollo. En ese sentido creo que aclara muy bien los motivos del juez para emitir la sentencia en el sentido que lo hizo.

Eso sí, la autora usa la segunda mitad o así del libro para expresar su opinión acerca de otros autores que a lo largo de los años pusieron en duda la sentencia o para protestar por hechos que creen que van en detrimento del reconocimiento que merecen Atanasoff y Berry. Y esa parte, aunque contiene algún que otro detalle interesante más, se hace un poco pesada.

Pero en cualquier caso creo que es un texto que interesará mucho a cualquiera que quiera saber de la historia de la informática.

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